lunes, 31 de julio de 2017

Invisible, imposible, invencible

Y su ausencia es más grande que mi presencia, me vuelvo minúscula 
y me fagocita el monstruo de ojos amarillos.

Y me vuelvo invisible estando a tu lado 
y se vuelve gigante sin estar delante.

Y me vuelvo imposible pensando y pensando 
y me ahogo en tus nadas que saben a monstruos.

Y me vuelvo invencible cuando rompes tus nadas y resulta que nada es perfecto, 
pero qué bonita es nuestra mierda cuando la compartimos! 
Y no lo cambiaría ni por la adrenalina de los nuevos comienzos, ni por el olor de tu cuerpo hundido en mi cuerpo, ni por la horma de mi zapato de payaso usado y viejo.

Y me enfrento al gigante si tú estas delante...

Y ya no soy invisible 
y aunque sigo siendo imposible, 
ahora me siento invencible.

sábado, 22 de julio de 2017

Vueltas en la noche

Intento dormir y no puedo
no encuentro postura,
por más que lo intento
no consigo relajar el cerebro.

viernes, 21 de julio de 2017

Hoy

Hoy iba a ser nuestro día,
hoy iba a ser perfecto.

Hoy seríamos sólos,
hoy seríamos nuestros.

Hoy sigo esperándote sola,
hoy se te olvidó venir a mi encuentro.

Es curioso el ser humano

Contigo comparto escenario,
y a diario siento tu ausencia 
como un dolor punzante 
en la boca del estomago.

Lo presente se hace inmaterial
y la materia cambia de estado.
Tus manos tocan mi cuerpo
pero tu boca recita sus versos.

Y su presencia en tus ojos
me oprime y me ahoga,
como una mirada constante
que advierte todos mis defectos.

miércoles, 12 de julio de 2017

Qué difícil será olvidarte

Serás como un bote de pintura derramado por mi mente.

Al principio todo estará impregnado de tus colores y estarás allí, presente, constante, tiñéndolo todo. Pero poco a poco, con paño y disolvente, iré limpiando todos los rincones de mi ser e irán recuperando sus colores.

En esta limpieza general habrá partes de mí que se borrarán, de tanto frotar o por lo corrosivo del disolvente; como dice aquella frase: "a veces hay que renunciar a la vida que habíamos planeado para vivir la que nos espera."

Pues nada, manos a la obra que la tarea se antoja ardua, la teoría está clara, pero...
qué difícil será olvidarte.

lunes, 10 de julio de 2017

Vértigo

Haz lo que tú quieras
¿Qué quieres hacer?
Piensa en ti
¿A ti qué te apetece?



¡¡¡Y YO QUÉ SÉ!!! Mandar el mundo a la mierda y quedarme en el sitio, inmóvil, viéndolo todo pasar, viendo las hostias venir… respirar… y prepararme para el golpe.


A veces tengo la sensación de que no tengo voluntad, intento girar, elegir, pero el suelo es una cinta mecánica, de esas de hacer footing, y no puedo bajarme y las salidas se escapan antes de que pueda elegir una. Hoy no. Hoy en cambio no me muevo. La cinta pasa por mi puerta, la veo allí, lejos, bueno, quizás no tanto, igual si intento dar un salto, llegaría a subirme de nuevo en ella. Puede que la cinta vaya rápido y me deje puertas sin abrir por falta de tiempo, pero tiene un final, una luz, un destino. Y es a ese destino al que quiero llegar, por eso no me había bajado antes. Aunque mil veces haya tenido la tentación de coger una de las puertas e irme por ella, nunca lo he hecho, el miedo me paralizaba, y el brillo del final del camino me atraía y me atrapaba. Por muy llamativos, divertidos y coloridos que fueran los otros pasillos, ninguno era como el mío. El mío es alegre, trasmite paz, pero con un toque melancólico, a veces se vuelve muy estrecho y asusta un poco, otras se oscurece y se enfría y hay que frotar muy fuerte para que salga una chispita que lo ilumine. Otras veces es muy amplio y luminoso, tanto que parece que estés en la calle y que no haya paredes que te detengan, pero están ahí y eso me gusta, saber que estoy a su amparo me da confianza, seguridad. A veces, si hay suerte, se vuelve carnoso y desaparecen todas las puertas y se estrecha hasta acariciarme y envolverme con su calor húmedo y es entonces cuando estoy más viva que nunca.

Pero hoy no. Hoy he amanecido y he visto mi cinta correr del otro lado de la puerta. Quiero correr hacia ella, pero cuanto más corro, más se aleja, así que me paro en seco. Cojo aire, respiro e intento calmar los nervios, la sensación de ahogo el corazón que me late como un caballo y hace que me retumbe todo el cuerpo. Creo que podría desmayarme en cualquier momento. Intento respirar hondo, pero no puedo. Los ojos me lloran y los mocos me taponan la nariz. Ya está, quiero volver, quiero ir. ¡Lo quiero! Con todas mis fuerzas. ¿Y entonces? ¿¿¿Por qué no me muevo??? La puerta se está cerrando y por mucho que me estire no consigo llegar a ella. Cuanto más lo intento mayor es la sensación de estar hundiéndome en arenas movedizas. Será mejor que deje de patalear, de intentarlo. Pero… ¿Y ahora? ¿Ahora qué? ¿Qué hago?

Quiero decidir un rumbo, pero cuál. Cualquier paso me llevará a una dirección y ésta a alguna parte concreta del universo. Pero el universo es infinito, ¿cómo voy a saber a dónde ir? Quiero elegir, decidir. Quiero hacerlo. ¿Qué es lo mejor para mí? ¿Qué es lo que realmente quiero? ¿A donde quiero ir? ¡Eres libre, coño! ¡¡¡Despierta y camina!!! No puedo. Miro al suelo y el miedo recorre mi espalda. Se me cierra el estómago. Tengo la certeza absurda de que está plagado de minas. Cualquier paso que dé podría hacer que estallaran y entonces ¿qué sería de mí? O peor aún, podrían provocar un desplome y tapiar definitivamente la puerta. No, no, no, eso no. Tengo que volver. ¿Cómo se sube a una cinta en marcha sin salir despedida en dirección contraria? Cada vez corre más y yo estoy cada vez más cansada. Y ya no puedo más. Ya no puedo más… ¡BASTA!


Frenemos la máquina y volvamos a empezar. Desde cero. No será lo mismo, lo sé. Estamos cansados y sudorosos. Se nos entrecortan las palabras, nos fallan las piernas y lo peor de todo, no estamos seguros de nada. La comodidad de la costumbre nos llevaba entre nubes, ahora hemos parado, lo hemos mirado desde fuera y nos ha dado miedo la velocidad. Hemos visto que la cinta que nos llevaba no era una, sino dos paralelas y muy juntas, que últimamente se han empezado a separar. Pues basta, frenemos la máquina y volvamos a empezar. No seremos los mismos y no será igual, pero seremos mejores porque hemos aprendido del trayecto y podemos volver a encender la maquinaria, comprobar a dónde nos lleva, despacito, sin perder de vista el suelo para darnos cuenta a tiempo si nuestros pasos se vuelven a separar. Y saltar juntos al interior del pasadizo que no será el más colorido, ni el más bonito, ni el más divertido, pero es el nuestro. Nuestros recuerdos cuelgan de las paredes, y quedan aún muchas paredes en blanco por rellenar. Trae la cámara, que el viaje empieza ya!