La casualidad es el recurso fácil de los débiles.
Ella no creía en la casualidad.
-Es demasiado caprichosa -decía- Prefiero crear mis propias coincidencias.
Y así lo hacía. Era la mejor en eso. Coincidencias con sabor a inocencia, con olor a misterio, con aspecto de verdad, con tacto de sexo, con alma de mentira...
Pero no una mentira bulgar, ella era elegante incluso en su forma de fingir, si no una a la que era imposible negarse, y que hasta tú que aún no la conoces, te hubieras creido.
Fingirse verdades es un juego, y jugar es divertido, pero hay que saber dónde está el límite.
Ella se acabó creyendo sus mentiras, y cuando el juego terminó no supe quien era. Había perdido mi propio libro de instrucciones y ahora estoy perdida. Ciega, sorda, muda...insensible, invencible....
Pero se vivía tan bien en aquella mentira....
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